miércoles, 28 de diciembre de 2016

Aún me pregunto

Comencé yace ya bastante tiempo en un punto irrelevante del mundo. Identificándome con la mayoría, crecí y viví mil y un sucesos sin sentido en mi tierna edad. Incomprensibles, por no tener más experiencia que la adquirida en un mundo de muñecas y juguetes, no hay espacio para asuntos de gente grande. Ese fue el preludio. 

Antes de la sinfonía maquiavélica de la vida, pues no importa cuán correcta haya sido mi conducta, solo pase a formar parte de la multitud asesina y víctima de las circunstancias del destino. Aunque no creo en esa palabra ya ahora, era mi consuelo la cruz echada a mis espaldas. Un sin fin de monstruos aterrizaban en todo tipo de naves. Con las armas más arcaicas, alimentadas con los poderes más destructivos nacidos de sus entrañas. 

Vi caer cabezas, manos, pies e infinidad de partes sin dueños… Yacía en el piso tratando de evitar sus ataques. La sangre escurría y se encharcaba a mí alrededor, el olor a muerte penetraba cada centímetro de la atmósfera y entre los cuerpos que gemían de dolor, viendo como la carnicería incrementaba. Ninguno moría. La paz eterna de la religión no se cumplía en aquel escenario de terror. Esa novela rosa de ensueño creada por la sociedad, era el inframundo en la tierra. Cada soldado de la misma sangre enfilaba sus armas contra sus semejantes. 

Tantas ansias dominantes, de los antiguos guerreros, se proyectaban en sus ojos. Lástima de las agallas mostradas en batalla para aniquilar a quienes compartieron su vida y hoy son destazados lentamente entre gritos de piedad, así como los nuevos miembros incluidos dentro de sus cacerías sin tiempo de generar un motivo para su odio.

En esta cruel batalla, yo la nueva generación, vi caer a los amores de mi vida en una tormenta de golpes y puñetazos. No servían los gritos, no servía la unión, nada valía la pena. También fui mutilada en el camino, también fueron ahogados mis gritos. No hay amor, no hay paz, ya nada me duele... Vivo en la nada… 

Se apagó la luz… 

La vida fue decidida… 

Ese es el destino… ¿Ese es mi destino?

Como por arte de magia terminó. Se tomaron las decisiones oportunas y por fin la retirada de mi bando se escuchó. Los cuerpos sobrevivientes caminamos alejándonos de esa tierra del terror. Enjuagándonos las heridas, desangrándonos sin morir. Piernas, manos, cabezas y hasta corazones fueron amputados. Humanos condenados a la vida sin el privilegio de la muerte. Almas mancilladas, quebradas y perdidas… aunque vagan juntas, las barreras entre ellos crecieron más allá de su propia perspectiva. 

Aún no saben de su caparazón. Sé seguirán quebrando en la soledad, apostar a dejar su única y más poderosa protección. ¡¡No!!. Mientras siga habiendo seres humanos en la tierra. Así camine por largo tiempo. Cargando mi pasado, conteniéndome las lágrimas y pensando en no salir jamás de mi agujero.

Anduve con la carga de aquella cruz sangrienta a donde fui arrastrada. El miedo de cuanto me iba a aplastar era colosal, disminuía mi deseo de seguir. Un enorme costal yacía en mi espalda, el cual no elegí cargar. La ironía de la vida “haz lo correcto y obtendrás cosas buenas”, no podría afirmar la veracidad de esas palabras y menos después de lo vivido.

Fue un largo periodo, una carga muy dura. Tan segura estaba de detener sus efectos en mi vida y no fue así. Cada acción y cada momento la presencia del espectro del pasado hizo su aparición. Consciente o inconscientemente estaba a mi lado, como un celador del diablo, dispuesto a no soltarme de su yugo, me había afianzado a su destino; a esa patética y única idea de sufrir.

¿Esa era la trayectoria escrita para mí?. ¡VAYA! un escritor del drama me otorga sus mejores líneas, sin la opción de cambiar el argumento (un gran y esplendido sarcasmo). Pero la encontré: mi respuesta y mi salida, la manera de tirar la carga. Si bien dicen que a toda acción hay una reacción buena y mala. Siempre llega. Sin embargo… si hay un cielo debe existir un infierno y no puede ser el uno sin el otro.

Hasta ese punto ya había conocido el infierno, pero no tenía esperanzas de conocer su contraparte. Deambulaba como muerto vivo entre los demás, aceptando las líneas de mi papel. Sin embargo en este instante vivo mi respuesta y es una encrucijada que hasta el final de mi historia podré darle un nombre… 


Nancy BlueAngl



Fotografía de Nancy BlueAngl
El ojo mecánico de mi alma http://elojomecanicodemialma.blogspot.mx/