Para quien desee saber que existí:
Hoy me decidí a contar la historia de mi
alma, el trayecto indómito hacia la ruta desconocida, esa ruta que nunca
planeas caminar por decisión propia. Pero no siempre sabes que acontecerá al
día de hoy, las cosas solo suceden sin dar mucho tiempo a reaccionar o
simplemente, esa parte de experimentación de la vida te lleva a actuar de forma
súbita con tal de llenar un momento de adrenalina o demás sustancias llamadas
sentimientos.
Pues todo comenzó en algún ayer de mi
existencia, donde las tardes deliciosas se convirtieron en copos fríos de
nieve, en ventarrones salvajes que terminan revolcándote en la tierra sin dar
la oportunidad de meter las manos para protegerte del golpe. No estoy muy
seguro de si fue en mi niñez o en esas edades tardías después de la infancia.
Quizás el tiempo, ya no sea tan relevante.
Sueñas con llevar la vida ideal a la que
tus creadores te invitan a aspirar, donde los colores brillantes predominan en
el paisaje y eres feliz como en los cuentos de hadas. Fijas en tu pintura ideal,
el mundo perfecto lleno de matices claros y nubes blancas y esponjosas.
Visualizas las tardes llenas de calor y sonrisas a donde quiera que vas, tan
solo es cuestión de caminar y todo se te dará a pedir de boca, conforme el
tiempo transcurra. El aire tibio y cargado de humedad llena tus pulmones,
mientras en sol cae radiante sobre tu cara. El terror comienza…
La historia se plaga de sucesos llenos de
miedo y horror. No estás preparado para el primer golpe y no te has levantado
del suelo cuando una lluvia de meteoritos despiadados hace presa de ti. Los
gritos se ahogan en el retumbar de la fuerza contra tus miembros y solo deseas gritar. Sin embargo, a lo lejos
escuchas una voz exigiendo silencio ante la sentencia de más agresiones. No se
pueden contar los días o minutos… o los años, tan solo espero sobrevivir.
¿Una bienvenida al mundo? Esta parte no
la contaron los abuelos y no entraron en las aspiraciones de mis padres,
tampoco me advirtieron de su participación en el ritual. Por primera vez sentí
un dolor muy profundo, pero había sobrevivido. ¿Ya era fuerte?…
Los escenarios fueron cambiando y tal
parecía que las personas a mi alrededor perdían los sentidos. Mi voz no la
escuchaban, cuando necesitaba hablar. Salí de su campo de visión o me
sustituyeron con un ideal de mí mismo. Mi aroma dejo de ser cotidiano y se fue
haciendo desagradable. Mis manos les provocaban repulsión, por eso evitaron que
los tocaran. El resto de mis sentidos buscaban desarrollarse para hacerme de
nuevo presente y resulto un esfuerzo inútil que me perdió más en la nada de mi
propio hogar. La casa de magia y felicidad se había venido abajo.
Tan solo quedo sujetarme para no caer en
el abismo. Asirme de eso que creí que podría hacerme fuerte. Las despiadadas
rocas en el acantilado que muchas veces sangraron mis manos. Feroces puntas
abrazaron mis dedos, sosteniéndome con dolor punzante… pero no quería soltarme,
no deseaba morir. Ellos no entendían, el mundo no entendía mi forma de
sobrevivir. Ofensivo, molesto e irritante.
Fui condenado a vivir en el exilio, no podían lidiar con alguien tan
problemático. Deambule por tanto lugares y en ninguno parecían escuchar mis
gritos, haciendo un intento por no caer en la vacuidad.
Perdí la cuenta de los rechazos, perdí la
cuenta de las “lealtades” perdidas, perdí la cuenta de los momentos en donde mi
ausencia no fue notada, perdí la cuenta del alivio que ellos sentían. Una
sombra que pasa entre las multitudes, la decepción de mis padres navegando como
víctimas, el juicio social emitiendo su condena, los grandes héroes castigando
al desobediente niño ingenuo… Mi recompensa por creer en ilusiones optimistas.
No siento la fuerza de seguir. Me he
desangrado más allá de mis límites. Mis brazos se vencen pacíficamente,
dejándose seducir por la oscuridad. El reposo de vientos gélidos e indoloros.
Esa paz instantánea y liberadora, no hay sentencia y tiene un lugar para mí,
ella si reparo en mí. Lentamente desciendo, liberando mis alas de las heridas.
Sabiendo que al soltarme de mis grandes estacas, me aventurare hacia las
vicisitudes del reposo. Ya no estorbo, ya no soy algo… No hay ausencia en la
nada.
Me liberé y los libere. Encontré esa paz
tardía venida en lo que todos temen. Soy un poco menos infeliz… planeando los
pasos, preparando las maletas, entregando y pidiendo perdón por las decepciones… Solo será un
instante, un poco más de su tiempo invadido por mi presencia… Acabará su
calvario y el mío. Nos despediremos para siempre. Un adiós eterno, un adiós sin prisa, un momento en el que
respiro para extinguirme en esta brisa.
Caeré en tus brazos, seré parte de su
olvido. Ya no llenaré los espacios donde ustedes veían vacío. Me convertiré en
lágrimas de alivio, para sus corazones cansados de mí. Una leve luz extinta que
jamás tuvo algo de grandeza. Al fin seremos tan extraños, sin que me duela la
indiferencia. Tal vez me convierta en amor, donde la tarde repose su cabeza.
Atentamente
Un suicida
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Fotografía de Nancy BlueAngl El ojo mecánico de mi alma http://elojomecanicodemialma.blogspot.mx
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